La primera entrada que sale cuando pongo en google «definición de familia» devuelve la siguiente definición:

  1. Grupo de personas formado por una pareja (normalmente unida por lazos legales o religiosos), que convive y tiene un proyecto de vida en común, y sus hijos, cuando los tienen.
  2. Conjunto de ascendientes, descendientes y mañana personas relacionadas entre sí por parentesco de sangre o legal.

Y ya sólo eso nos puede dar un buen puñado de pistas sobre el ideario colectivo de lo que es una familia, y como a veces cuando topamos con variaciones que salen de esta tipología predefinida nos puede costar un poco incluso de aceptar, o como en el caso de que nuestro modelo de familia no encaje puede generar sufrimiento o sensación de inferioridad.

Si me hubieran preguntado a mí lo que les habría dicho que añadieran el requisito de quererse, porque si bien el afecto no determina si somos familia a nivel legal, si que lo hace a nivel emocional. La familia es aquel grupo donde nos sentimos seguros, donde nos podemos mostrar, donde nos conocen las manías y nos las aceptan y donde nos predisponemos también a aceptar las de los que amamos, donde encontramos la manera de perdonarnos, de acogernos , de estar en contacto.

La familia donde hemos nacido nos determina, bien sea porque queremos construir una igual, o bien porque tenemos claro que la queremos construir totalmente antagónica, pero inevitablemente nos marca.

Nacemos programados para querer que los padres nos quieran, y para quedarnos a su lado independientemente de cómo nos traten, y a nivel evolutivo tiene sentido, ya que un niño tiene más posibilidades de sobrevivir con un adulto que solo, independientemente de cómo lo trate el adulto. Y los tratemos como los tratemos nos amarán y creerán que la forma en que los tratamos es la manera normal y la harán suya.

Por eso cuando hay familias que maltratan, a menudo hasta que el niño crece no es capaz de identificar que algunas de las maneras como los han tratado son un maltrato, o en otros casos no lo identificarán nunca e interiorizarán que aquella es la manera normal de hacer las cosas, pero invariablemente sufrirán las consecuencias.

Quizá por eso, porque su amor nos viene garantizado y sin condiciones, es más importante que nunca que nos comportamos de manera que seamos merecedores, que el buen trato sea el único trato que ofrecemos, que estemos a la altura de este amor tan puro.

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